iPoker

Las cosas cambian. Avanzan, progresan, evolucionan. O no. Quizá solamente sean las mismas, pero con otra forma, otro modo de interactuar con ellas, otra composición o estructura. Pero la esencia perdura, permanece constante, se mantiene, la percibamos o no.

Metafísicas aparte, en toda creación universal existe un denominador común: como empiezan deben terminar. En concreto existen algunas que tienden a sobrevivir más que otras por un mero proceso de adaptación al entorno. La teoría darwinista tiene su aplicación directa también en los objetos inanimados, más concretamente en las creaciones del hombre moderno, verbigracia, nuestro nuevo dios: la tecnología.

El ser humano ha buscado el conocimiento y el progreso durante toda su historia. Pero no todo ha de ser trabajo, también hay que descansar el cuerpo con una buena cama, el espíritu con un buen sentimiento de autorrealización personal y la mente con un buen rato de ocio. En concreto, de todas las múltiples formas de ocio que pueda haber, existe una primigenia que nos conquista desde niños: el juego.

Pero no un juego cualquiera. Hoy día, si preguntásemos a cualquier persona civilizada del planeta una lista de los tres primeros juegos que se le vienen a la cabeza, con toda seguridad en la inmensa mayoría aparecería el póker. Es más, si preguntásemos el primer juego de cartas que se les pase por la cabeza, sería sin lugar a dudas el póker.

Quizá no todo el mundo sepa jugarlo, algunos lo odien, otros lo amen. Es como todo. Con una sutil diferencia. El póker resulta tanto una forma de vida para unos como la mayor de las ruinas para otros. Hay quien lo llama el juego de cartas perfecto, el punto de equilibrio justo entre suerte y estrategia, entre puro azar y experiencia.

He conocido todo tipo de jugadores y jugadoras. La personalidad del individuo puede reflejarse en su forma de jugar, de arriesgar, de fingir. Todos conocemos el concepto de poner cara de póker, pero pocos se han parado a pensar cómo sería el desarrollo de una partida si no hay caras que poner. Dicho de otro modo, si los jugadores no tienen cara, sino un avatar.

Póker digital, póker en la red, póker de casino virtual. Hay muchas versiones. Ahora, con los avances tecnológicos, los dispositivos táctiles y las nuevas tabletas electrónicas, esas pantallas portátiles con multitud de funciones, también se puede jugar al póker. Hablemos de la más difundida de todas: el iPad de Apple.

La experiencia de juego que un jugador clásico y purista tiene con las cartas físicas no es comparable a la que se tiene con un dispositivo digital. Sin embargo, hay quien prefiere no tener que mostrar un rostro a su rival escondiéndose tras una pantalla. Hay quien prefiere sentir que con el mero roce y leve movimiento de un dedo por una superficie lisa, puede apostar toda su fortuna para acabar perdiéndola, o duplicándola.

Fácilmente uno puede arrastrar, coger, soltar cartas, personalizar el tapete de juego y la apariencia de su avatar, hacer zoom, ver datos y estadísticas de juego, establecer estrategias y todo cuanto se imagine en un espacio de casi 10 pulgadas. No importa la modalidad, ya sea omaha, el clásico de cinco cartas o el extendido Texas Hold’em.

Lo verdaderamente importante siempre será jugar, crecer, evolucionar, adaptarse a los cambios, las formas, los nuevos modos de representación de la información, del conocimiento y por qué no, también del juego quizá más excitante de todos los juegos

… como cuando éramos niños y creíamos que todo valía.

28 enero 2011

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