Metamorfosis
Todos sufrimos cambios a lo largo de nuestra vida. Para los artistas, una forma de reflejarlos es mediante nuestras obras. Quizá los que posteriormente las contemplan tratan de adivinar aspectos de nuestras personalidades, averiguar secretos de nuestras vidas, ahondar en el alma del poeta (en este caso) a través de lo que creen vislumbrar en los poemas que escribe.
Unos y otros bien sabemos que eso es imposible. Como decía Nietszche, “un autor no es su obra”, pero lo que le faltó añadir es que “la obra sí es una parte del autor”, aunque sea una parte muy concreta en el tiempo, en el espacio, en lo más profundo del ser. En mi caso concreto, dejándoos ver un trocito más de mí a través de mi literatura, os descubro en esta entrada una de mis más curiosas excentricidades: mi pasión por las hormigas.
De entre todos los organismos vivos son las hormigas las que más me fascinan, me atraen y me inducen respecto a la vez. Estoy convencido de que tarde o temprano serán ellas las que gobiernen el planeta. Desde hace tiempo he investigado, leído y aprendido mucho sobre ellas en diversas bibliografías y hasta he dejado que se metieran en mis versos llenándolos de inspiración. A algunos le parecerá que esto es poesía de la menos convencional, pero quizá haya que explicarles a esas personas que lo convencional no es cosa de poetas.
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